Si algún día el odio y la guerra,
ya no surcan más la tierra,
será el reino del amor.
Todos unidos con las manos enlazadas
alzaremos la mirada
para encontrar al Señor.
ABRE TUS BRAZOS, SEÑOR, SEÑOR,
VEN A MI LADO, MI DIOS, MI DIOS.
Si los cañones, las granadas y las balas
se cambiaran por palabras,
y por rezos hacia Dios.
Cuando el dinero, la envidia y la codicia
nuestro suelo ya no pisan,
podremos vivir mejor.
Cuando los hombres
dejen de empuñar sus armas,
tomen los picos y palas,
cambien los cardos por flor.
Cuando unamos nuestras manos
temblorosas,
para entregar una rosa
o para pedir perdón.
Cuando los hombres suban los ojos al cielo,
encuentren allí consuelo,
y alivio en su dolor,
ya que es difícil
en el mundo en que vivimos,
con nuestra fe te pedimos:
Abre tus brazos, Señor.