TE OFRECEMOS PADRE NUESTRO
CON EL VINO Y EL PAN,
NUESTRAS PENAS Y ALEGRÍAS,
EL TRABAJO Y NUESTRO AFÁN.
Como el trigo de los campos,
bajo el signo de la cruz,
se transforma nuestra vida,
en el cuerpo de Jesús.
A los pobres de la tierra,
a los que sufriendo están,
cambia su dolor en vino,
como uva en el lagar.
Estos dones son el signo
del esfuerzo de unidad,
que los hombres realizamos
en el campo y la ciudad.