Levanto mis ojos a los montes. ¿De dónde ha de venir
el que me ayuda? La fuerza me viene del Señor, cuya
palabra hizo cielo y tierra.
No dejará que resbales ni caigas,
ni que se duerma el guardia que vigila tu sueño.
Levanto mis ojos...
No dejaré que nadie me haga daño, me cubre con
su capa, que pone a sus espaldas.
Levanto mis ojos...
La noche ya no será un peligro ni el día una amenaza
pues está junto a ti.
Levanto mis ojos...