Oh Señora y Madre Mía, con filial cariño vengo a ofrecerte
en este día cuanto soy y cuanto tengo. Mis ojos para mirarte,
mi voz para bendecirte, mi corazón para amarte y mi vida
para servirte. Acepta Madre este don que te ofrece mi cariño
y guárdame como un niño cerca de tu corazón.
Que nunca sea traidor al amor que hoy se me entrega y que
desprecie sin pena los halagos de otro amor. Y aunque el
dolor me taladre y haga de mí un crucifijo, que yo sepa ser
tu hijo y que sienta que eres mi Madre. En la dicha y en la
aflicción, en mi vida y en mi agonía, mírame con compasión,
no me dejes Madre mía.